Ella, no quiere escribir, tampoco hablar y su silencio me va enseñando cómo se ve una flor pendiente en una telaraña.
Así se calla, congelada en un momento que la memoria revive antes de dormir.
¿Cuando habrá de partir?
No lo sé.
Quizá allí permanezca.
Ella en penumbra mira una ventana cerrada, mientras yo evito pensar en sus besos cada madrugada.
Somos una misma, fuego que arde y agua helada.
Su grito es más fuerte ahora, pero mi calor está que aflora como antorcha condenada.
Infierno y Paraíso, vertidos en la fuente del deseo, sumiso por una boca.
Quizá me llamen loca, pero será una gastada opinión.
La Pasión no miente, siente, quema, abraza y esta quedó en brazas, de esa que vive en mi interior.
Sola Poeta
Somos una misma, fuego que arde y agua helada.
Su grito es más fuerte ahora, pero mi calor está que aflora como antorcha condenada.
Infierno y Paraíso, vertidos en la fuente del deseo, sumiso por una boca.
Quizá me llamen loca, pero será una gastada opinión.
La Pasión no miente, siente, quema, abraza y esta quedó en brazas, de esa que vive en mi interior.
Sola Poeta
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