Que excitante es la tormenta, cuando aquí fomenta las ganas por hacerte morir de placer.
Ver tu rostro padecer, el castigo que mi boca propina al tu néctar beber.
Esa pequeña muerte, donde dejas admirar lo que te gusta obtener y a mí poseer.
Hacernos esos besos valió más que mil vidas juntas.
Porque fuimos uno en alma, sangre y ser.
No me olvides.
Yo nunca podré...
Inmortal nexo que conmigo llevaré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.