Tengo una amante.
Que escucha y calla, quieta está aunque me vaya con otro ser.
Es eterna, maestra fría que da compañía en cada hora de mi respirar, no la he podido amar.
Entre sombras y silencios mira fijamente dejándote llorar de ira, alegría o tristeza,
es la fiel amiga que nunca fallará.
No tiene rostro, pero le sobra lealtad.
Ahora está conmigo.
Mi querida, Soledad.
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